Israel, Siria y Jordania son los responsables de haber tomado a lo largo del siglo pasado decisiones que han convertido el lugar donde se cree que Jesús fue bautizado en un hilo de "aguas residuales, estancadas y salinas", apunta el documento.
El flujo histórico del Jordán, que comienza en el Mar de Galilea y desemboca en el Mar Muerto, era de 1.300 millones de metros cúbicos al año.
El río serpentea por 217 kilómetros y tiene una gran importancia para las tres principales religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam. Israel ha desviado para uso doméstico y agrícola un 46,47% del flujo; Siria un 25,24%, Jordania un 23,24% y los palestinos un 5,05%, aunque tienen un acceso muy limitado al cauce fluvial.
El Jordán ha dejado así de ser una fuente de agua dulce y su corriente apenas alcanza ahora entre 20 y 30 millones de metros cúbicos anuales.

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